Necesitaba sentirte. Agarrar esa prenda sobre la cual reclamaste propiedad, empaparme en tu perfume y vestirme de vos, sin reconocerme en aquel abrigo que solía lucirlo como mío y ahora lleva consigo el calor de tus abrazos.
Asomarme a la calle, a deambularte entre mis ideas mientras te chocás con los planes que me movilizan mientras bajo por las veredas torcidas, a paso firme, avanzando entre los sueños e ideas que te configuran a la vez que esquivo transeúntes y recuerdo por qué salí.
Te convierto en esa sonrisa que sabés regalar, dulce e inocente, y la enseño por el barrio, de tránsito entre colectivos hasta aterrizar donde mis afectos.
"Te veo bien" me dicen. Sí, estoy más relajado, como señalás, vos y tantos más que me conocen, porque encuentro un puerto donde descansar y compartir mis memorias.
¿Qué es esta dualidad? De sentir a los dos en uno y querer llevar a todos lados tu esencia. Ese deseo de entrelazar nuestras almas como las piernas que se enredan bajo las sábanas para formar un nudo inquebrantable. Amo este empujoncito extra al caminar, de sentirte sin tenerte y morir despacito hasta que pueda encontrarme con tus ojos otra vez.
Agradezco el conocerte. Sí, pensarte.
Sentirme y verme bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario